Enviar a un hijo a estudiar al extranjero es una decisión importante. Para él o ella, es una oportunidad para aprender un idioma, conocer una nueva cultura, hacer amigos y, sobre todo, ganar autonomía. Pero para los padres también supone todo un proceso de aprendizaje.
Porque mientras vuestro hijo vive una nueva aventura, vosotros aprendéis a confiar, a darle espacio y a acompañarlo desde la distancia.
Es normal tener dudas, preocuparse y querer saber cómo está en todo momento. Pero también es importante recordar que muchas de las pequeñas dificultades que aparecen durante una estancia en el extranjero forman parte de la experiencia y contribuyen a su crecimiento personal.
Por eso, desde KBLanguage os proponemos los 10 mandamientos para padres con hijos estudiando en el extranjero.

1. Confiarás en tu hijo… y en el proceso
El primer paso es confiar. Cuando un joven se marcha a estudiar al extranjero, sale de su zona de confort y empieza a tomar decisiones por sí mismo.
Puede que al principio le cueste adaptarse, se encuentre con situaciones nuevas o tenga algún día más complicado. Es normal.
Confiad en que, poco a poco, aprenderá a gestionar estas situaciones. Y recordad que crecer también significa aprender a resolver pequeños problemas sin que los padres tengan que intervenir inmediatamente.
2. No le preguntarás “¿qué tal?” cada cinco minutos
Cuando vuestro hijo está lejos, es tentador querer saberlo todo: qué ha hecho, con quién ha estado, qué ha comido, cómo le han ido las clases…
Pero darle espacio también es una forma de acompañarlo.
Estableced una rutina de comunicación que os permita estar en contacto sin convertir el móvil en una extensión de casa. Una llamada o videollamada puede ser suficiente para saber cómo está y compartir su día.
Y sí, probablemente habrá días en los que la respuesta será simplemente: “Bien.”
3. Escucharás antes de buscar soluciones
“Hoy no me ha ido bien.”
“Echo de menos casa.”
“No termino de adaptarme.”
Cuando un hijo explica que tiene un problema, la primera reacción de los padres suele ser intentar solucionarlo. Pero muchas veces lo que necesita es simplemente sentirse escuchado.
Antes de llamar a todo el mundo o buscar una solución inmediata, preguntadle qué necesita y dejad que explique qué ha pasado.
Quizá no busca una solución. Quizá simplemente necesita hablar con vosotros.
4. No convertirás un mal día en una emergencia
Durante una estancia en el extranjero habrá días fantásticos y días que no lo serán tanto.
Una mala nota, una discusión con un amigo, un día de lluvia, echar de menos a la familia o sentirse un poco desubicado no significa necesariamente que la experiencia no esté funcionando.
Intentad poner cada situación en perspectiva.
Un mal día no define una estancia entera.
Si ante cada pequeña dificultad reaccionamos con preocupación, podemos transmitir a nuestro hijo la sensación de que no es capaz de gestionarla. En cambio, ayudarle a relativizar y buscar alternativas le permitirá afrontarla con más confianza.
5. Dejarás que se equivoque
Estudiar en el extranjero también significa equivocarse.
Quizá un día llegará tarde a una actividad, se olvidará de algo, no entenderá una indicación o tomará una decisión que después verá que no era la mejor.
Y está bien.
No hace falta evitarle todas las dificultades. Parte del aprendizaje consiste precisamente en equivocarse, asumir las consecuencias y descubrir cómo solucionarlo.
Este tipo de experiencias son las que, a menudo, más contribuyen a desarrollar su autonomía.
6. No medirás la experiencia solo con las notas
Evidentemente, estudiar implica aprender y las notas son importantes. Pero una estancia académica en el extranjero ofrece mucho más que resultados académicos.
Aprender a comunicarse en otro idioma, hacer amigos, adaptarse a una nueva cultura, moverse en un entorno desconocido, convivir con otras personas, ser más responsable y tomar decisiones por uno mismo también son aprendizajes.
Cuando vuestro hijo vuelva, quizá no solo haya mejorado su nivel de inglés.
Habrá crecido.
7. Respetarás su nueva rutina
Cuando nuestros hijos están en casa, sabemos más o menos cómo es su día a día. Cuando están en el extranjero, no siempre.
Clases, actividades, excursiones, convivencia con la familia de acogida o compañeros de residencia, tiempo con los amigos…
Su agenda puede ser muy diferente de la que tenía en casa.
Por eso, es importante entender que quizá no siempre podrá contestar inmediatamente a un mensaje o hacer una videollamada a la hora que nos va bien.
Que no responda durante unas horas no significa que pase nada. Probablemente está viviendo.
8. No compararás su experiencia con la de los demás
“Pero la hija de mi amiga…”
“Otro chico del grupo ha hecho…”
“El otro estudiante está encantado con la familia…”
Cada estudiante vive su experiencia de una manera diferente.
Algunos se adaptan en pocos días. Otros necesitan más tiempo. Algunos hacen muchos amigos enseguida y otros tardan un poco más. Algunos echan de menos casa desde el primer momento y otros casi no tienen tiempo de pensar en ello.
No existe una manera correcta de vivir una estancia en el extranjero.
Lo importante es que cada estudiante encuentre su propio ritmo.
9. Recordarás que echar de menos casa también forma parte del viaje
Echar de menos a la familia, los amigos, la comida de casa o la rutina habitual es completamente normal.
Y no significa que vuestro hijo no esté disfrutando de la experiencia.
De hecho, es posible sentir dos cosas a la vez: echar mucho de menos casa y estar viviendo una experiencia increíble.
Cuando esto ocurra, escuchadle, tranquilizadle y recordadle todo lo que ya ha conseguido desde que llegó.
A veces, una conversación con casa es todo lo que necesita para recuperar la energía y seguir disfrutando de la aventura.
10. Disfrutarás de verlo crecer desde la distancia
Y llegamos al mandamiento más difícil de todos: dejarle crecer.
Porque mientras él o ella descubre un nuevo país, vosotros descubriréis una nueva manera de ser padres.
No podréis controlar cada paso, resolver cada problema ni estar a su lado físicamente. Pero podréis hacer algo muy importante: estar cuando os necesite y confiar en él cuando no os necesite.
Cuando vuelva, probablemente notaréis pequeños cambios. Será más independiente, tendrá nuevas historias, nuevas amistades y una nueva perspectiva del mundo.
Y quizá os deis cuenta de que aquella persona que se marchó hace unos meses no es exactamente la misma que ha vuelto.
Y eso es, precisamente, una de las cosas más bonitas de estudiar en el extranjero.
Estudiar en el extranjero es una experiencia para toda la familia
Enviar a un hijo a estudiar al extranjero no es solo preparar una maleta, comprar un billete y despedirse en el aeropuerto.
Es confiar. Es dejar espacio. Es aprender a comunicarse de otra manera. Y es ver cómo, poco a poco, vuestro hijo se convierte en una persona más autónoma y segura de sí misma.
En KBLanguage sabemos que la tranquilidad de las familias es tan importante como la experiencia de los estudiantes. Por eso, acompañamos a nuestros alumnos y a sus familias antes, durante y después de cada programa.
Porque estudiar en el extranjero es mucho más que aprender un idioma.
Es una experiencia que les acompañará toda la vida.